explícale al ciego
cómo, recorriendo formas,
entender un color;
del mudo entiende su silencio
y el clamor que el mismo viento
hundió en su pecho;
acaricia la dureza de una estatua
sin reparar en las fracturas
de su ser de roca;
sincroniza los latidos del pecho
con la mirada, el tacto y la paciencia
para que el sordo entienda
lo palabra que no encaja
ni siquiera en el silencio;
dale un sabor al vacío
de aquel que no ha probado
ni lo dulce ni salado.
vientoerrante
No hay comentarios:
Publicar un comentario