ciento diez haberes en mis manos indicados
por aquellas cicatrices del bucéfalo pasado
ciento diez caricias en el mármol colapsadas
y la dicha de en las sombras ser pasado
ciento diez instantes olvidados en la vida
y la terca obstinación de dormirme entre fantasmas
ciento diez pasajes en el brío caminados
hacia el viento del presente inamovible hacia el futuro
ciento diez quimeras en mi mente desatadas
por la falta de aquel mundo en que utopías habitaban
ciento diez momentos y ciento diez razones
por las que el tiempo corre y la nada le acompaña.
vientoerrante
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