El andar constante cabizbajo deja a un soñador, pues cada paso forzado destempla el alma partiendo en dos la existencia del ser, alejando el silencio de la fe.
¿Cuántos pasos podemos dar sin que la sangre nos despierte? justo cuando el alarido nos recuerda que la vida está pasando por la linea trascendental y barbárica que no permite encontrar un lugar donde esconder la humanidad.
Cuando en una turbulenta soledad el hambre lleva a devorar la maldad pierde todo su sentido la humildad y la belleza parece corroerse por una vanidad que la ha ultrajado.
Está cambiando y las leyes que funcionaron ya no encajan más con los conceptos de coherencia y realidad.
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