La vi pasando como si nada ocurriese, era el viento y las hojas las que cosquilleaban en su piel, haciéndole temblar las pupilas y sonrojando sus mejillas. Puede que me haya visto y ese movimiento triste de cabeza para mirar al piso haya sido causado por el recuerdo y el escalofrío del momento; pero pude ser testigo de como el sonido de sus pasos silenciaba los latidos de dos distantes corazones, tan ajenos al ahora, como viven presos de su escapatoria hacia tierras más lejanas que el olvido.
Así la vi, como se mira el reloj cuando se ha hecho tarde para un evento que ha finalizado; pensando en ráfagas «¿valdrá la pena dar la cara?» al mismo tiempo contestando «ya pasó»; y de nuevo las mareas se cruzan con los vientos frios de la certeza; entonces no pasa nada cuando todo ocurre como si nada.
Y entonces me vi, como corriendo a un lugar que no tenía planeado; como siguiendo el trazo que mi respiración hubiese abandonado; como queriendo ser y al mismo tiempo darme cuenta de que vivo no siendo.
Así me vi, como corriendo al tiempo que el peso del momento me pesaba mientras le arrastraba.
Fue entonces cuando ví la herida de su cuello y la mugre en sus cabellos; la podredumbre de sus labios y la sangre que escurriese por su vientre. Eran sus pasos los que desencajaban con la escena agradable y anhelada; eran sus pasos los que mentían al mundo en que navegaba. Pude ver una sonrisa, que marchita la dejaba, esfumándose del cuento como piérdese la voluntad al elegirse sentir nada.
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